Entrevista a Ana Isabel Sánchez y José Óscar Hernández Sendín, traductores de “Después”

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Entrevista a Ana Isabel Sánchez y José Óscar Hernández Sendín, traductores de “Después”, la novela de Stephen King que salió a la venta el 10 de junio, y a los que conocimos gracias al tuit de Ana Isabel donde nos ponía los dientes largos enseñándonos la edición impresa diez días antes de que estuviera a la venta.

Lo primero agradeceros vuestro tiempo y que accedáis a responder a nuestras preguntas.

¿Cómo llegasteis a ser traductores de obra literaria? ¿Vocación o suerte?

José Óscar Hernández Sendín: En mi caso, diría que por una mezcla de suerte (eso de estar en el lugar adecuado en el momento preciso) y vocación tardía. 

En retrospectiva, creo que la vocación me vino mientras estaba enfrascado en el proyecto fin de carrera de Ingeniería Química, aunque no me di cuenta hasta después (guiño, guiño). Siempre me gustó escribir, pero me costaba una barbaridad rematar cualquier historia. Cuando se publicó en Estados Unidos. Wizard and Glass,el cuarto volumen de La Torre Oscura, que llevábamos años esperando, en la web oficial del libro colgaron un adelanto, de los dos primeros capítulos, y me dio por traducirlos. Me pareció dificilísimo, y a la vez muy gratificante. Aún los conservo.

Años más tarde, yo era uno de los administradores de un portal dedicado a King, ka-tet-corp.com. Por algún motivo, la primera edición de La Torre Oscura VII salió llena de fallos y varios de los usuarios del foro elaboramos un listado con los errores que habíamos detectado. Se los remitimos a la editorial, que se apresuró a subsanarlos en ediciones posteriores, y a raíz de eso algunos de los que pululábamos por allí empezamos a colaborar revisando las traducciones de los siguientes libros de SK. Después llegó la adaptación al cómic de la saga, de la que nos encargamos Javi Martos y yo. Después me ofrecí a traducir Duma Key. Hice una prueba y a la editorial le gustó. Lo disfruté muchísimo. Decidí dar entonces un giro a mi carrera y empecé a formarme, tanto por libre como haciendo cursos, seminarios, etc. También estoy sacándome el Grado de Estudios Ingleses por la UNED. Por desgracia, debido a un problema de salud, estuve una buena temporada de baja y apartado de la traducción literaria. Ahora traduzco menos de lo que me gustaría, hago sobre todo científico-técnica y lo compagino con la docencia.

Ana Isabel Sánchez: Yo siempre quise dedicarme al mundo del libro, pero no tenía del todo claro a cuál de sus numerosas vertientes, así que fui probando. Estudié Filología, primero inglesa y luego hispánica; empecé un doctorado en el que aprendí muchísimo de literatura del Siglo de Oro y, sobre todo, de edición crítica; luego trabajé durante un par de años en un gran grupo editorial, donde siempre digo que hice «la mili de la producción de libros»; y por último me establecí como autónoma y empecé a desempeñar distintos tipos de tareas editoriales: redacción, corrección de estilo y ortotipográfica y, al fin, traducción. Ahí llegó el flechazo. Hace casi doce años que me dedico a esto en exclusiva, y espero que sean muchísimos más.

¿Cómo fue el día en el que os ofrecieron la traducción de “Después”?

AIS: Anna, la maravillosa editora de mesa con la que hemos trabajado en este libro, me mandó el correo en el que me proponía que tradujera Después en colaboración con José un día de diario casi a las once de la noche. Yo estaba medio dormida en el sofá viendo la tele. Cuando abrí el mail me espabilé de inmediato, tanto que aquella noche apenas dormí. Se me pasaron por la cabeza muchas cosas en muy pocos segundos: incredulidad, una ilusión tremenda, su poquito de «síndrome de la impostora», etc. Es la primera vez que traduzco a Stephen King (ojalá no sea la última), y la verdad es que he disfrutado muchísimo.

JOHS: Fue un lunes, así que la semana no pudo empezar de mejor forma. Acababa de entregar un texto sobre protocúmulos de galaxias y estaba con un artículo sobre reactores de fusión nuclear —esta variedad y aprendizaje continuo es una de las cosas que me encantan de este oficio— cuando recibí la propuesta. En aquel primer mail solo me preguntaban si estaba disponible y si podían contar conmigo para traducir un nuevo libro de King. Aunque no lo especificaba, ya sospechaba cuál sería, y sobra decir que acepté sin dudarlo. Me llevé una alegría inmensa, claro, porque además no traducía nada de él desde Elevación. Y sí, también sentí ese pellizquito del síndrome del impostor que comenta Ana.

¿Habéis tenido que firmar algún documento de confidencialidad para empezar a trabajar con la traducción?

JOHS: No, no fue necesario firmar nada. Pidieron máxima confidencialidad, eso sí; faltaban todavía unos días para que se pusiera a la venta en Estados Unidos, por lo que se trataba de material sensible. En cualquier caso, lo pidan o no, una buena práctica es regirse por la norma de no divulgar nada hasta que la editorial anuncia oficialmente la publicación.

AIS: No firmé nada, pero sí me pidieron mucha discreción hasta que se anunciara la publicación, por lo que podría decirse que fue un pacto de palabra. Colaboro desde hace muchos años con la editorial, así que supongo que confían en mí.

¿Cómo os habéis repartido el trabajo?

AIS: La repartición del texto vino dada por la editorial. No sé si podemos entrar en muchos detalles, pero me parece de justicia aclarar que José ha traducido un mayor porcentaje de la novela que yo.

JOHS: Bueno, sí, pero solo por motivos circunstanciales. La parte de Ana quedó fantástica y yo solo espero haber estado a la altura.

¿Cuánto tiempo os ha llevado la traducción del libro?

AIS: ¡Menos del que nos habría gustado! Últimamente tengo la sensación de que el mundo editorial ha pisado el acelerador y no hay manera de que frene. Existe una tendencia clarísima a acercar lo máximo posible el lanzamiento de la obra en español al lanzamiento en el idioma original, y eso nos obliga a trabajar con plazos muy ajustados.

JOHS: La verdad es que yo todavía no sé ni cómo conseguí llegar. A veces los calendarios son infernales, sí.

¿Cómo ha sido la comunicación entre vosotros durante la traducción? Reuniones puntuales, programadas, sólo si había dudas que resolver…

AIS: Trabajar con Jose ha sido un gustazo, sabe muchísimo sobre King y no se le escapa ni una sola referencia inter o intratextual. Nada más empezar el encargo, me envió un correo con todo lo que había detectado en una primera lectura. A partir de ahí, fuimos escribiéndonos y consultándonos siempre que lo necesitábamos, nos pedíamos opinión sobre pasajes dudosos, etc. 

JOHS: Me siento muy afortunado por haber tenido la oportunidad de trabajar con una traductora de la talla de Ana. De hecho, al principio me sentía un poco intimidado y temía no estar a la altura, pero ella no solo es una grandísima traductora; es una persona maravillosa y me dio mucha confianza en algún que otro aspecto peliagudo.

¿Cómo es un día normal de trabajo? Os levantáis por la mañana y…

JOHS: Depende. Soy ave nocturna y disfruto trabajando de noche (y más si se trata de una novela de terror). En general, a no ser que tenga un encargo o un plazo muy ajustado, suelo dedicar las mañanas a los quehaceres cotidianos; no obstante, procuro sacar al menos un par de horas antes de comer. Por las tardes doy clases, así que ya hasta después de cenar no me pongo a traducir de nuevo. De noche encuentro una tranquilidad que me ayuda a concentrarme y ya no tengo rondando por la cabeza la preocupación de si tengo que hacer esto o lo otro. Por suerte (o por desgracia), no necesito muchas horas de sueño.

AIS: Me pongo a trabajar casi de inmediato, en cuanto me tomo un café y me aseo. Tengo mucha más energía y me concentro mucho mejor por las mañanas, así que prefiero levantarme a las seis a tener que alargar la jornada más allá de las cinco de la tarde. Tengo que compaginar la jornada laboral de traductora con la de madre, y esta última es más intensa por la tarde.

Stephen King es un autor aficionado a meter referencias a obras o personajes anteriores ¿El autor o la editorial os chiva si hay referencias y donde están? ¿Cómo habéis lidiado con esto?

AIS: Ya he comentado más arriba que Jose es una enciclopedia andante en este sentido, así que me ayudó muchísimo. La editorial puede darte alguna pista si les preguntas, porque ellos tienen acceso a los archivos digitales de todas las obras anteriores y pueden hacer búsquedas, por ejemplo, pero tú tienes que haber «sospechado» antes que ahí había algo. A veces es relativamente sencillo, porque se trata de expresiones típicas del autor que enseguida hacen saltar la alarma, como ser «dumb as stone boats», que también aparecía en La danza de la muerte y El cazador de sueños. En otras ocasiones, o eres un verdadero experto o corres el riesgo de que se te pasen por alto.

JOHS: Yo no me definiría como una enciclopedia andante, pero se agradece el… ¿cumplido?, ja, ja. [AIS protesta: «Claro que es un cumplido»]. No soy más que un viejo Lector Constante que ha leído mucho, muchísimo a King, tanto en su versión original como en su versión en español. Con King ya sabes que en cualquier momento te vas a encontrar con una referencia o guiño a otras obras, así que desde el principio estás en permanente alerta. Y es muy de agradecer que, de un tiempo a esta parte, la editorial cuide esos detalles con el mimo que se merecen. De hecho, mis primeras colaboraciones vinieron por ahí.

Algunas referencias son ya un clásico y sabes que van a aparecer sí o sí, como el «diecinueve», por poner un ejemplo, que en algún caso puede darte algún problemilla si hay que convertir del sistema inglés al métrico decimal. Lo más delicado quizá sea lidiar con las expresiones del tipo que comenta Ana, que son cosecha de King y que, por desgracia, en traducciones antiguas no se respetaron del todo y se perdieron o están adaptadas de distinta forma.

Luego hay guiños que son menos evidentes o se esconden en los lugares más insospechados. Recuerdo uno en Duma Key, la primera novela que traduje, que casi se me escapa porque aparecía en la página de créditos: «Permiso para reproducir la letra de Dig de Shark Puppy (R. Tozier, W. Denbrough) concedido por Bad Nineteen Music © 1986». Eso sí, esa gran conexión sorpresa con otra novela que hay Después me pilló totalmente desprevenido. Ni me la imaginaba.

¿Qué tal ha sido la experiencia de traducir a King? Para Ana Isabel ha sido su primera vez, pero José Óscar ya ha traducido algún que otro libro suyo (Doctor Sueño, Elevación…).

JOHS: Me resulta difícil de describir, porque es un cúmulo de sensaciones. Me gusta empezar sin haber leído el libro antes e ir descubriendo la historia (y los guiños y sorpresas) a medida que traduzco, pero, como King tiene esa particular manera de engancharte, a veces me encuentro con que llevo un buen rato sin teclear porque me quedo absorto en la lectura. Y es que King es un autor que se lee fácil, tiene una forma de narrar que me parece muy… «visual», diría. Sin embargo, puede ser complicado de traducir. A veces lees algo y dices «¡Pero qué cabrón el tío!», y lo dices con admiración hasta el momento en que piensas «¿Cómo narices voy a trasladar esto».

AIS: Ha sido una experiencia maravillosa y muy desafiante. Puede parecer que King es un autor sencillo de traducir, pero nada más lejos de la realidad. He aprendido mucho y Anna, Jose y el resto del equipo han sido una red de apoyo estupenda.

Si hubieseis tenido dudas con la traducción ¿Podríais haber contactado con King para resolverlas? 

AIS: Por desgracia, no es nada habitual tener acceso al autor de una obra (a veces, ni siquiera se tiene acceso al resto de los participantes en la cadena de trabajo del libro, como la correctora, por citar el caso más flagrante). Yo, con algunos autores más «cercanos», he llegado a recurrir a los mensajes directos de Twitter o Instagram. De haberse dado la necesidad extrema de resolver alguna duda de Después, supongo que la editorial habría contactado con el agente de King, o algo así.

JOHS: Ya me gustaría tener línea directa con King, ja, ja. Pero no. Si la memoria no me falla, y hasta donde me consta, en un par de ocasiones la editorial ha contactado con su agente por alguna duda relacionada con ciertos datos o detalles que no cuadraban, nada más.

¿Qué herramientas usas para tu trabajo? (Portátil, software, diccionario en papel…)

JOHS: Antes trabajaba más en el PC de sobremesa, pero durante el confinamiento se me quemó uno de los dos monitores y no lo he reemplazado, así que desde entonces tiro cada vez más de portátil. En general, uso Word casi exclusivamente. Para traducciones técnicas, he utilizado a veces herramientas TAO, como OmegaT, que es de código abierto, aunque no termino de habituarme. En cuanto a materiales de consulta, lo que cabría esperar: diccionarios de todo tipo, en papel y en digital, manuales de estilo, etc. Tengo instalada, por ejemplo, la versión en DVD del María Moliner, y es lo que siempre abro primero, antes incluso que el Word. Pero lo cierto es que en estos tiempos se dispone, a golpe de clic, de una gran cantidad de recursos, casi abrumadora, y en ocasiones me da la sensación de que eso puede llegar a ser hasta contraproducente.

AIS: Soy muy de la vieja escuela: tiro de Word en blanco y a «quemar tecla». Existen programas de dictado de voz y otras herramientas que, sin duda, pueden facilitarte el trabajo. Sin embargo, yo nunca he llegado a sentirme cómoda con ellas. Me gusta ir repasando el texto a medida que lo redacto, casi párrafo a párrafo, y de momento no he encontrado un método que me permita hacerlo con mayor garantía. En cuanto al resto de recursos, casi cualquier cosa que se te pase por la cabeza puede resultar útil para traducir literatura: diccionarios en papel y en línea, tanto bilingües como multilingües y monolingües, todo tipo de glosarios (el otro día me descargué uno sobre golf, que nunca se sabe), Google Books, algo tan pasado de moda como ir a las bibliotecas… Tener una Biblia a mano es un básico y, si traduces desde el inglés, tienes que tener las obras completas de Shakespeare, porque rara es la novela en la que no se meten un par de versos suyos.

JOHS: Exacto. Sin ir más lejos, en Después: «¡Da, Macduff!, y mal reviente el que primero grite “Basta, tente”».

Cuando termináis la traducción ¿A quién la enviáis y cuál es el siguiente paso?

AIS: Se la enviamos a Anna, la editora de mesa, y ella, tras aclarar las posibles dudas o preguntas que nosotros le hayamos dejado en el archivo, lo pasa a una correctora de estilo. La corrección es un paso fundamental, sobre todo en obras traducidas a cuatro o más manos. En ella pulen todo lo que a nosotros se nos haya escapado, dan coherencia a lo que haya podido quedar desunificado, etc.

JOHS: Pues Ana lo ha explicado perfectamente. A Anna, la editora, he de agradecerle la paciencia que tiene conmigo, porque reconozco que durante el proceso de corrección a veces soy un auténtico incordio.

Y hablando de todo un poco… ¿Alguna traducción que os haya gustado hacer especialmente?

JOHS: Si hay una obra de King que me marcó esa es La Torre Oscura. Leí La hierba del diablo cuando se publicó por primera vez en español. Tenía catorce años y ha formado una parte importante de mi vida. Así que, cuando surgió la posibilidad de traducir su adaptación al cómic, estaba que no cabía en mí. Igual que cuando me encargaron El viento por la cerradura. A cada momento me daban ganas de gritar: «¡Estoy traduciendo un p… libro de la Torre Oscura!». Y encima ni siquiera había salido aún en Estados Unidos.

Por último, tengo especial cariño a Duma Key. El mismo año en que se publicó, mi mujer y yo viajamos a Estados Unidos con Ariel Bosi y el también escritor Federico Axat para asistir a varios actos de King, que por entonces presentaba La cúpula.Estuvimos en Sarasota y fue una pasada visitar algunos de los lugares que se describían en el libro. A cada momento tenía la sensación de haber vivido ya allí. Y hasta tuvimos un encuentro fugaz con el mismísimo King mientras paseábamos por uno de los cayos, Casey Key.

AIS: Esto es hacernos escoger entre nuestros vástagos, ¡qué difícil! Ja, ja, ja. Todas las traducciones terminan por tener algo que te gusta, pero debo reconocer que les tengo un especial cariño a las de Enid Blyton, porque era mi autora favorita de pequeña y traducirla de adulta me hizo mucha ilusión.

¿Qué autor os gustaría traducir que no hayáis hecho ya?

AIS: No me voy a mojar, porque son muchos y, sobre todo, muchas. Lo dejaré en que a cualquiera que necesite ser traducido.

JOHS: Qué difícil. La lista sería larguísima, porque lo primero que pienso de cualquier libro que me gusta es «Ojalá poder traducir esto». Por citar alguno, ahora estoy con un autor llamado Owl Goingback, que descubrí el año pasado por su novela Coyote Rage, ganadora del Bram Stoker a mejor novela de 2019.Estos días he terminado Crota, que es algo antigua y que también ganó el Bram Stoker en la categoría de mejor primera novela de 1996. Y ahora he empezado una antología titulada Tribal Screams. La mayoría de sus historias parece que se basan en las tradiciones y leyendas de los nativos americanos (él es cheroqui, si no me equivoco), las cuales me fascinan.

Y ya para finalizar ¿Os gustaría decir algo que no os hayamos preguntado?

JOHS: Tan solo quiero agradeceros la entrevista y vuestro interés en nuestro trabajo.

AIS: Muchas gracias por vuestro tiempo y atención, espero que disfrutéis de Después tanto como lo hice yo.


De nuevo agradeceros vuestro tiempo, y desde Lectores Constantes os animamos a seguir a Ana Isabel y José Óscar en sus distintas redes sociales

Ana Isabel

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José Óscar

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